Los pronombres átonos del español y del portugués. Perspectiva comparativa

Claudia Kocak

 

En primer lugar, definiremos y caracterizaremos brevemente a los pronombres personales, para luego hacer lo mismo con los pronombres átonos y realizar algunas observaciones sobre su origen histórico, relacionado con el latín; causa por la cual están hoy presentes en muchas lenguas romances. En una segunda parte, realizaremos una sistematización en el español y en el portugués actual, y nos referiremos a las diferencias en la posición de estos pronombres con respecto al verbo. Esta última es una particularidad a tener en cuenta en la enseñanza de español como lengua extranjera, sobre todo para los aprendientes que tienen al portugués como lengua materna, y nos referiremos a ello en el último apartado.

 

  1. Los pronombres personales

Los pronombres personales pueden ser considerados como pertenecientes a la clase de los sustantivos[1], ya que desempeñan funciones sintácticas similares a estos, como se ejemplifica a continuación:

  1. Ella [mi hija / la niña] regresa esta tarde.

Ella = pronombre personal, 3era persona, femenino, singular, con función sujeto.

  1. [Los] miré bien.

Los = pronombre personal, 3era persona, masculino, plural, con función objeto directo.

Sin embargo, existen al menos dos diferencias notables entre sustantivos y pronombres. Los pronombres, como se observa en los ejemplos, pueden poseer rasgos morfológicos de número y género (como los sustantivos) pero también poseen el rasgo de persona, lo cual los diferencia de los sustantivos. Otra distinción es que los pronombres no poseen un significado constante, sino que éste es ocasional. Es decir, un pronombre por sí mismo está vacío de significado, y lo adquiere en función de las circunstancias o el contexto de uso. De esta manera, se manifiesta la relación de referencia entre un pronombre y un sustantivo mencionado en la misma oración o en el mismo texto (donde la correferencia convencionalmente se indica con un subíndice), o bien, entre el pronombre y una persona u objeto pertenecientes al contexto comunicativo, casos que ejemplificamos a continuación:

  1. ¿Ya se lo sellaste?

 

  1. Sofíai nos trajo un enorme y muy hermoso retrato de [sí misma]i.
  2. Sofíai nos trajo un enorme y muy hermoso retrato de ellai/j.

En 3., “se” y “lo” remiten a una persona y a un objeto respectivamente, y sus significados se recuperan en el contexto de uso de dicho enunciado.  En 4.a., la correferencia remite a la relación entre la expresión pronominal “sí misma” y el sustantivo propio “Sofía” que se encuentra en la misma oración y permite recuperar la referencia del pronombre. Sin embargo, notamos que en 4.b., puede interpretarse como referencia tanto conjunta como disjunta la de “Sofía” y “ella”, porque el uso del pronombre personal tónico en lugar de la expresión pronominal “sí misma” produce ambigüedad en la interpretación.

 

I.i. Los pronombres átonos

Existe una subclase entre los pronombres personales, y es la que llamamos pronombres átonos[2] (también llamados clíticos en algunas gramáticas). El hecho de que estos pronombres no posean acento se debe a que siempre se encuentran en el entorno sintáctico del verbo, antepuestos (proclíticos) o pospuestos (enclíticos), y se apoyan en éste para su pronunciación. Por lo tanto, los pronombres átonos no pueden cumplir función sintáctica de sujeto, como los pronombres tónicos, sino que siempre cumplen función de objeto (tanto objeto directo, como objeto indirecto o segundo objeto). A continuación se ejemplifican estos casos:

  1. Lo compré ayer.

Lo = pronombre personal átono, función objeto directo.

 

  1. Le compré un libro de regalo.

Le = pronombre personal átono, función objeto indirecto.

La posición de los clíticos con respecto al verbo es de adyacencia estricta. Lo único que puede aparecer entre ambos es otro pronombre átono, como se advierte en el siguiente ejemplo, donde aparecen pronominalizados ambos objetos (directo e indirecto):

  1. No se lo compré ayer[3].

Observemos que si se altera la adyacencia, cambiando de lugar la negación, el resultado es agramatical (lo cual se indica con *):

  1. * Se lo no compré ayer.
  2. * Se no lo compré ayer.

Por lo dicho anteriormente, los clíticos son ligados, es decir, nunca pueden aparecer aislados, al contrario de las palabras independientes. A continuación se ejemplifica esta característica.

  1. – ¿Quién lo vio?
  • Yo.
  1. – ¿Lo viste?
  • * Lo.

En 9, el pronombre personal tónico es una palabra independiente. En 10, el pronombre átono aislado da un resultado agramatical. Tampoco se puede interrumpir la secuencia de dos pronombres clíticos, como se ejemplifica en 11 a. y b (y como se pudo observar también en 9):

  1. Ayer se lo compré.
  2. * Se ayer lo compré.

Otro fenómeno relacionado con la dependencia de los clíticos, y que refuerza su carácter de afijo verbal, es que desencadenan procesos fonológicos por su capacidad de adjuntarse al verbo. En 12. se ejemplifica la pérdida del sonido /s/ al final de la forma verbal y su transformación en una palabra esdrújula (con una sílaba más) cuando se le adjunta un enclítico:

  1. Vamos.
  2. Vámonos.

 

I.ii. Origen histórico de los pronombres átonos en las lenguas romances

Es conocido el hecho de que el latín dio origen a las diversas lenguas europeas -que llamamos “romances”- por un fenómeno glotopolítico, donde el latín, como lengua del imperio en expansión sobre el continente, se impuso sobre las lenguas de cada pueblo conquistado. Así, el español, el portugués, el francés, el catalán, el rumano, entre otras, tienen una fuerte herencia del latín y un sustrato lingüístico que les da su impronta diferencial.

Los pronombres, en estas lenguas romances, son la única persistencia del sistema de casos latinos. El caso es una categoría gramatical nominal (nominativo, acusativo, genitivo, dativo, etc.) que define funciones gramaticales de sujeto, objeto directo, objeto indirecto, circunstanciales, y que se expresa morfológicamente por medio de desinencias. Este rasgo casual es activo en lenguas más morfologizadas, y en otras, en cambio, prevalece la expresión de las funciones por medio de la sintaxis, como es el caso de las lenguas romances. El español, en particular, conserva marcas casuales solo en los pronombres personales. Como ejemplo, citamos a continuación los pronombres de primera persona: “yo” equivale un nominativo, posición sujeto; “me” equivale a un acusativo, posición objeto directo; “mí” (precedido por preposición) equivale a un dativo, posición objeto indirecto, o a un caso oblicuo, posición circunstancial.

Los pronombres átonos de tercera persona, que derivan del demostrativo “ille” y sus variantes de inflexión, heredan las diferencias entre los casos acusativo (la/las/lo/los) y dativo (le/les):

Pronombres átonos de tercera persona, objeto directo (caso acusativo):

Masculino,

singular

Neutro Femenino, singular Masculino, plural Femenino, plural
Latín ILLUM ILLUD ILLAM ILLOS ILLAS
Español Lo Lo la los las

 

Pronombres átonos de tercera persona, objeto indirecto (caso dativo):

Masculino,

singular

Neutro Femenino, singular Masculino, plural Femenino, plural
Latín ILLI ILLI ILLI ILLIS ILLIS
Español Le Le le Les les

 

Los pronombres átonos de primera y segunda persona derivan del acusativo: ME (latín) > me (español) y TE (latín) > te (español).

A lo largo de la historia, el cambio lingüístico fue dando origen en español a variaciones semánticas y morfológicas en los pronombres átonos, por lo que actualmente ya no tienen que ver estrictamente con la etimología. Así, por ejemplo, se dan los llamados laísmos, loísmos y leísmos en las distintas variantes del español peninsular y americano, suficientemente estudiados en las gramáticas descriptivas, por lo que sólo consignamos un ejemplo:

  1. Les vi ayer.

Aquí se trata de un caso de leísmo, es decir, un uso de “le” dativo en lugar del acusativo “los” o “las”. Es un fenómeno de tipo semántico, ya que el reemplazo proviene del hecho de que con “les” (más allá de cuál sea el caso de este pronombre) se identifica y se hace referencia a persona y no a objeto.

 

  1. Los pronombres átonos en español y en portugués

Los sistemas de clíticos del español y del portugués se pueden resumir comparativamente en el cuadro que sigue[4].

 

Persona Género  / caso Número ESPAÑOL PORTUGUÉS
1era  

Indistinto / acusativo y dativo

Singular me me
Plural nos nos
2da Singular te te
Plural
 

 

 

3era

Femenino / acusativo Singular la a
plural las as
Masculino / acusativo singular lo o
plural los os
Indistinto / dativo singular le lhe
plural les lhes
Indistinto

 

Indistinto se se

 

A simple vista, se advierte la coincidencia en la gramática de estos pronombres. No consignamos la segunda personal plural debido a que, en la variante americana de ambas lenguas, el pronombre correspondiente al español “vosotros” y al portugués “vós” han caído en desuso (por “ustedes” y “vocês” respectivamente) y su sistema de clíticos usuales es el de tercera persona (“Ustedes se callaron”, “Los llamaron a ustedes”, “A ustedes les trajeron un regalo”).

Las características generales de los pronombres, que describimos en el primer apartado de este trabajo, son las mismas para ambas lenguas (función, significado y referencia del pronombre; casos; relación de los pronombres átonos con el verbo, etc.). No obstante, hay diferencias de colocación, que consideramos en el apartado siguiente.

 

II.i. Diferencia de colocación de pronombres átonos en español y portugués.

A pesar de que el español y el portugués son lenguas con un orden oracional relativamente libre, los clíticos en ambas lenguas, en cambio, tienen un ordenamiento muy estructurado. Es lo que en la gramática tradicionalmente se ha llamado “colocación de los clíticos” para sistematizar esas restricciones.

En español:

Las posiciones posibles para los clíticos son proclítica o enclítica, y cuentan con las restricciones que detallaremos a continuación[5].

La tendencia general es que la posición del pronombre es proclítica, excepto cuando se trata de formas no personales del verbo (infinitivo y gerundio) o una forma en modo imperativo, en cuyos casos la colocación del pronombre que depende de ellas es obligatoriamente enclítica “perderte” (infinitivo) “amándote” (gerundio),  “déjame” (imperativo).

 

  1. Con un verbo finito seguido de infinitivo o gerundio, pueden colocarse como proclíticos al verbo finito, o enclíticos al infinitivo o gerundio.

 

  1. Lo quiero esperar.
  2. Quiero esperarlo.

 

  1. Lo está pensando.
  2. Está pensándolo.

 

Nótese que los pronombres se hallan libres cuando son proclíticos, y ligados cuando son enclíticos, y que en caso de ser dos los pronombres átonos, no pueden separarse, como se advierte en la agramaticalidad de 17.b.:

 

  1. Se lo voy a decir gritando.
  2. * Se voy a decirlo gritando.

 

  1. Ciertos verbos psicológicos (como creer, afirmar, negar, lamentar, sentir) y los impersonales (como haber) no admiten esta “subida” del clítico.

 

  1. Lamentó visitarla.

* La lamentó visitar.

 

  1. Hay que pensarlo.

* Lo hay que pensar.

 

  1. Un clítico dativo de un verbo principal impide la subida de los clíticos personales del verbo incrustado, como se ejemplifica a continuación:

 

  1. Me ordenó devolverlo.
  2. * Me lo ordenó devolver.

 

En este ejemplo, el verbo principal es “ordenó”. El clítico dativo relacionado con él es “me”. El verbo incrustado es “devolver”. El clítico relacionado con él, que “sube” en 20. b. es “lo”, dando el resultado agramatical.

 

  1. Cuando un verbo tiene una secuencia de dos clíticos, el orden es rígido: los de segunda persona preceden a los de primera, y estos preceden a los de tercera:

 

  1. Me lo trajo.
  2. *Lo me trajo.

 

  1. Se les perdió.
  2. Se nos perdió.
  3. *Nos/les se perdió.

 

  1. No se pueden secuenciar pronombres acusativos seguidos de dativos, o un no reflexivo seguido de reflexivo[6]:

 

  1. Se lo regalé.
  2. *Lo se regalé.

 

  1. Te me fuiste.
  2. * Me te fuiste.

 

  1. Un pronombre átono no puede correferir con otro del mismo verbo.

 

  1. * Me nos buscó tarde.

En este ejemplo, “me” y “nos” se solapan entre sí en la referencia a la primera persona, por lo cual es agramatical. Esta restricción es similar a la que indica que el clítico necesariamente debe poseer relación con los morfemas de persona del verbo:

  1. * Me

Me = primera persona singular

Saludamos = primera persona plural

 

  1. En los verbos ditransitivos, no es posible cliticizar sólo el argumento acusativo. O son los dos, o es sólo el dativo:

 

  1. Le compré un regalo a María[7].
  2. Se lo compré.
  3. Le compré un regalo.
  4. * Lo compré a María.

 

En portugués:

Las posiciones posibles para los clíticos en esta lengua son proclítica, enclítica o mesoclítica, y cuentan con restricciones al igual que en español. En particular, una diferencia notable entre ambas lenguas es que la enclisis se da también con formas verbales conjugadas (y no sólo en infinitivos y gerundios, como en español).

Antes de avanzar con el análisis, es necesario destacar que en el cambio diacrónico del portugués brasileño, existen dos tendencias generales: la proclisis (por sobre la enclisis y la mesoclisis) y la preferencia por la utilización de pronombres tónicos en lugar de átonos: “Saludei ela” es más frecuente en el habla que “Saludei-a” (acusativo), o “Disse para ele” en lugar de “Disse-lhe” (dativo). Por otro lado, como se observa, en la escritura existe una diferencia notacional con respecto al español, y es que el pronombre átono enclítico aparece separado de la forma verbal de la que depende con el signo gráfico del guion, lo cual refuerza la relación morfológica entre ambos.

Las reglas de colocación de pronombres en portugués brasileño se encuentran detalladas a continuación[8].

  1. En proposición principal comenzada por verbo, el pronombre se encuentra en posición proclítica:

 

  1. Me viu.

Esp. Me vio.

Lo mismo ocurre cuando el verbo es imperativo (a diferencia del portugués peninsular):

  1. Me diga…

Esp. Decime

 

  1. Las proposiciones que contienen un término de negación antes del verbo, como não (no), ninguém (nadie), nenhum (ningún), nada, nunca, jamais (jamás), obligan a la próclisis.

 

  1. Não me viu.

Esp. No me vio.

 

  1. Cuando la proposición principal no es negativa y comienza con sujeto + verbo, se permiten tanto la enclisis como la proclisis, aunque la tendencia es a generalizar esta última:

 

  1. a. Ele disse-me
  2. Ele me disse…

Esp. Él me dijo…

 

  1. En todos los otros tipos de enunciados conteniendo verbos en modos personales, la regla es la proclisis.

 

  1. Onde se escondeu?
  2. * Onde escondeu-se?

Esp. ¿Dónde se escondió?

 

  1. Cuando el pronombre depende de un infinitivo, de un gerundio o de un tiempo compuesto, un uso característico del portugués de Brasil es que el pronombre puede colocarse entre el verbo y la forma no personal. Es decir, el pronombre átono es complemento de la forma no personal del verbo, aunque sea en un tiempo compuesto (como en 31.c.). La ausencia del guion indica que está ligado al infinitivo, gerundio o participio que sigue, y no al verbo que lo antecede. También puede intercalarse otra palabra entre el verbo y el pronombre, como en 32. a. y b.:

 

  1. Queria se afastar

Esp. Quería alejarse

 

  1. Ia se afastando

Esp. Se iba alejando

 

  1. Tinha se afastado.

Esp. Se había alejado

 

  1. Queria agora se afastar

Esp. Quería ahora alejarse

 

  1. Ia pouco a pouco se afastando

Esp. Iba poco a poco alejándose

 

En los verbos compuestos, si no fuera obligatoria la proclisis, el pronombre se coloca después del verbo auxiliar o después del verbo principal:

 

  1. a. Devo esclarecer-lhe o ocorrido
  2. Devo-lhe esclarecer o ocorrido

 

Esp. Debo aclararle lo ocurrido.

Le debo aclarar lo ocurrido.

* Debo le aclarar lo ocurrido.

 

  1. a. Estavam chamando-me pelo alto-falante
  2.    Estavam-me chamando pelo alto-falante.

 

Esp. Estaban llamándome por el altoparlante.

Me estaban llamando por el altoparlante.

*Estaban me llamando por el altoparlante.

 

La mesoclisis se da solamente con verbos en los tiempos futuro-do-presente y futuro-do-pretérito, mediante la interposición del clítico entre la raíz verbal y la desinencia, y siempre que la proclisis no sea obligatoria. El hecho de que esos tiempos verbales ya no sean usuales, hace que tampoco lo sea la mesoclisis, que ha perdido lugar tanto en la lengua oral como en la escrita. A continuación consignamos ejemplos de esta posición pronominal que pueden encontrarse en la literatura[9].

  1. Louvar-te-ei

Esp Te alabaré

 

  1. Louvar-te-ia

Esp Te alabaría

 

 

II.ii. Derivaciones para la enseñanza

El hecho de que tanto el español como el portugués tengan un origen común y ambas lenguas seleccionen el mismo parámetro de existencia de clíticos, parece a simple vista un indicativo de que la producción en la lengua que se aprende debería facilitarse. Sin embargo, la experiencia indica que esto no es así, a pesar de la menor distancia lingüística que existe entre estas lenguas en comparación con otras de origen no romance. En términos de Clouet (2015), “Con el término distancia lingüística nos referimos a la diferencia tipológica entre la primera lengua del alumno y la lengua meta, es decir, al grado de semejanza o divergencia que entre ellas se da. También consideraremos la distancia lingüística como una de las condiciones relacionadas con la transferencia. La proximidad o distancia entre lenguas puede influir sobre el aprendizaje tanto a través de la transferencia positiva como de la negativa (interferencia).”[10]

La transferencia entre español y portugués es máxima en cuanto a la presencia de clíticos, pero el grado de interferencia también es máximo en cuanto a su colocación, sobre todo en los siguientes puntos a los que un docente de ELE debe estar atento. Los ejemplos son datos reales de la interlengua, tomados de producciones lingüísticas y traducciones realizadas por estudiantes de español, hablantes de portugués brasileño[11] como lengua materna.

  1. La tendencia del portugués a usar pronombres tónicos cuando en español se utiliza obligatoriamente pronombre átono (o nulo, como en el caso de 41).

 

  1. * Vi ella na escuela[12].
  2. * Nunca dijiste a mí que ibas venir.
  3. * Podía hacer mal a ella.
  4. Una vez estaba *[ella] pasando la tarde en la escuela.

 

  1. Con imperativo, el español nunca permite un pronombre proclítico, lo cual sí ocurre en portugués.

 

  1. * Le dé un beso a su tía.
  2. * Me espere hasta las vacaciones, filhita.

 

  1. Se tiende a conservar el orden del clítico según su colocación en la lengua materna:

 

  1. Atropelloume una bicicleta.
  2. Conduciume a la casa.
  3. Preguntole o que quería.

 

  1. Ante un grupo de dos formas verbales, una finita y una no finita, el clítico en español nunca ocupa una posición intermedia entre ambos.

 

  1. *Voy te trazer los libros mañana.
  2. * Mama habíanos enseñado a no pedir comida.

 

  1. El objeto indirecto en español rioplatense se reduplica con clítico obligatorio, que tiende a estar ausente en la producción del aprendiente.

 

  1. * Voy a regalar una muñeca a mi sobrina.

 

  1. En algunas ocasiones, los aprendientes adicionan un clítico a algunos verbos que en español no lo llevan.

 

  1. Me recuerdo que ella se quedaba mucha brava con mí.

 

Las interferencias generan una lengua intermedia, a medio camino entre la lengua materna y la lengua meta. Esa lengua intermedia es inestable y se halla en permanente cambio. Ese espacio es el que debe aprovechar el que enseña, comprendiendo por qué se producen las interferencias y entendiendo que se trata de un proceso donde el aprendiente gradualmente abandona las formas propias de su lengua materna para construir las formas propias de la lengua meta. Cuanta menor sea la interferencia, mayor el logro del aprendizaje, por lo tanto, la didáctica debe tener en cuenta este factor.

 

Referencias bibliográficas

Berta, Tibor (2003) Clíticos e infinitivo. Contribución a la historia de la promoción de clíticos en español y portugués: Szeged: Hispánia.

Clouet, R. (2015) “Distancia entre lenguas / culturas y transferencia lingüística / cultural: sus efectos en el proceso de adquisición del inglés como lengua extranjera”, Didáctica. Lengua y Literatura: Madrid: Ediciones Complutense, disponible:https://revistas.ucm.es/index.php/DIDA/article/download/61954/4564456548371/

Gili Gaya, S. (1980) Curso Superior de Sintaxis Española: Barcelona: Vox

Miranda Hidalgo, Benedicta (1994) “La norma de los clíticos en las gramáticas de los siglos XVI y XVII” en Anuario de Estudios Filológicos, vol. 17, págs. 351-368, disponible: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=58826

Soriano Fernández, O. (1999) “El pronombre personal. Formas y distribuciones. Pronombres átonos y tónicos”, en Bosque, I. y V. Demonte, Gramática descriptiva de la Lengua Española, RAE: Madrid: Espasa.

Teyssier, P. (1989) Manual da língua portuguesa (Portugal – Brasil): Lisboa: Coimbra Editora.

Notas:

[1] Según Fernández Soriano, O. (1999) “El pronombre personal. Formas y distribuciones. Pronombres átonos y tónicos”, en Bosque, I. y V. Demonte, Gramática descriptiva de la Lengua Española, RAE: Madrid: Espasa.

[2] “Átono” y “tónico” son términos que hacen referencia a la acentuación y prosodia. Es tónico el pronombre que tiene acento propio y por lo tanto posee independencia morfológica, al contrario de lo que ocurre con los átonos, que necesitan apoyarse en otra palabra; en el caso de los clíticos, se apoyan en la forma verbal.

[3] Obsérvese que el pronombre “le” adquiere la forma “se” cuando se halla en posición anterior a otro clítico.

[4] Sólo se consignan los pronombres usuales en español rioplatense y portugués brasileño.

[5] Siguiendo a Fernández Soriano, O., op. cit., pág. 1262 y ss.

[6] Con “reflexivo” nos referimos a que el verbo manifiesta una acción / situación que recae sobre el mismo sujeto y que el pronombre manifiesta, como se puede observar en el ejemplo de 24.a.

[7] En la variante del español rioplantense, es obligatoria la reduplicación del dativo mediante el clítico.

[8] Siguiendo a Teyssier, P. (1989) Manual da língua portuguesa (Portugal – Brasil): Lisboa: Coimbra Editora, pág. 123 y ss.

[9] La traducción al español es aproximada, porque los tiempos mencionados no tienen equivalencia exacta en español.

[10] Clouet, R. (2015) “Distancia entre lenguas / culturas y transferencia lingüística / cultural: sus efectos en el proceso de adquisición del inglés como lengua extranjera”, Didáctica. Lengua y Literatura: Madrid: Ediciones Complutense. El destacado en itálica es nuestro.

[11] Por tratarse de datos reales es que mantenemos la totalidad de las interferencias (morfológicas, ortográficas y lexicales) de los aprendientes.

[12] La agramaticalidad a la que se hace referencia en todos los datos de 38 a 50  es respecto a la lengua meta.

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